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-Statement-

Creo en la práctica artística como búsqueda, como un constante renombrar. Con cada cuadro busco animar una esperanza que culmine en las amplias expectativas de un mundo nuevo.

Tomo como punto de partida experiencias autobiográficas examinando así la capacidad de la pintura como registro de realidad y ficción.

Exploro la propiedad física de la obra, enfrentando el espacio puramente objetual con el tema, aludiendo estados próximos a lo espiritual.

Despedazo la imagen con la idea de tensionar el espacio y engendrar la metáfora de una nueva extensión o múltiples planos que se suceden en un mismo tiempo, como la memoria de una travesía o el ensamblaje de estímulos sensoriales sucedidos tras el sonido seco de un glaciar. 

Buceo en el ámbito de lo sensorial y simbólico, abordando la experiencia de la escisión entre el ser humano y el mundo, de donde surge el abismo o la tragedia del paisaje, pero también con el anhelo de una nueva comunión con la naturaleza. La imagen adquiere otras dimensiones además de la puramente visual y representativa y se presenta como mapa afectivo que incide en el cuerpo, en todos los sentidos y en las experiencias que intervienen en ella.

Desarrollo un lugar fronterizo con lo geométrico, de carácter simbólico, donde voy desvelando un espacio inmaterial. Una pintura lírica que a modo de  refugio salga al encuentro del espectador,  proponiéndole  posibilidades de convivencia mutua,  apelando a la belleza de la acogida del otro.

“no busca su sitio en la pintura, sino que crea espacios en los que la soledad y el silencio permiten escucharnos mientras contemplamos una naturaleza indómita, sujeta únicamente a la precisión de sus pinceles. Se nutre de los desiertos, de los hielos, de los bosques, de lo que su mirada confina en sus viajes para sus adentros. Siempre acompañan a esos paisajes simbólicos un rastro de vida, un vestigio de los que pasaron por aquellos territorios previamente, aves que surcan cielos para saber que no estamos solos. Mientras tanto oímos el pálpito del corazón como un tambor que va contagiándose del ritmo de las gradaciones del color, convirtiendo el lienzo en un extraordinario campo de batalla entre el impacto cromático y formas geométricas que son destino de su propio carácter: el laberinto de un pensador”. Crítica de Juan Manuel González.